Está de moda, y no hay más que echar un vistazo a cualquier buscador pornográfico para darse cuenta. La eyaculación femenina se ha convertido en uno de los grandes fetiches de la producción erótica más reciente, y se han intentado dar muchas explicaciones a tal fascinación. Por un lado, parece un equivalente del muy difundido fetiche de la eyaculación masculina, ya un subgénero en sí mismo para algunas productoras que ha sido criticado por el feminismo.
Además, resulta particularmente espectacular, y por ello, las productoras pornográficas se preocupan por exagerarlo incluso hasta el punto de que nadie en su sano juicio puede pensar que en algunos casos, el squirting no es un montaje. Parece para algunos hombres una especie de demostración de que se ha alcanzado el objetivo, como una recompensa al esfuerzo amatorio.
La eyaculación femenina no es lo mismo que el 'squirting'
Hasta tal punto ha llegado la moda que el pasado mes de diciembre fue prohibido en Inglaterra junto a otros comportamientos indudablemente violentos como los azotes o las estrangulaciones. El Reglamento de Medios Audiovisuales de 2014 intentaba, con esta orden, proteger a la infancia y restringir aquello que puede ser visto en una pantalla. ¿Qué tiene la eyaculación femenina de problemático, más allá de que pueda resultar desagradable para muchos?
Porque, en realidad, lo que prohibió la junta fue el squirting, y no la eyaculación femenina en sí, dos cosas que, como explica un artículo publicado en Fusion, se parecen pero no son iguales. Una investigación publicada en el pasado mes de diciembre por el doctor Samuel Salama en el Journal of Sexual Medicine aclaraba que se expelen distintos líquidos en ambos actos, y que en el caso del frecuente squirting del porno, este puede incluir orina. Y registrar actos escatológicos está prohibido por las autoridades inglesas, lo que explica que su inclusión en la lista de actos a erradicar.
De qué hablamos cuando hablamos de eyaculación
La gran pregunta sobre la eyaculación femenina es qué es dicho líquido y cómo se origina. Durante décadas, nadie supo dar una respuesta correcta, y se pensaba que era una sustancia de origen desconocido y semejante al semen. Eso fue hasta hace relativamente poco, cuando se empezó a mantener, debido al espectacular flujo que podía verse en algunas películas pornográficas, que no era más que orina. No estábamos muy desencaminados, como demuestra la reciente investigación del doctor Samuel Salama.
El número de mujeres que realmente eyaculan grandes cantidades de fluido durante el acto sexual es muy bajo
Por una parte, se encuentra aquello que podemos considerar como eyaculación femenina, casi siempre una cantidad ínfima de líquido que se produce en la glándula de Skene –una especie de próstata femenina– cuando algunas mujeres alcanzan el orgasmo. Esta se encuentra al final de la uretra, y también puede servir de lubricante natural durante el acto sexual. El de Salama no es el único estudio que señaló a dicha glándula como la productora de dicho líquido, como el realizado en Italia que señaló que sólo un porcentaje muy pequeño de mujeres disponen de esta próstata masculina que está formada por el tejido que habría formado la próstata en caso de nacer hombres.
El sexo presentado en las películas pornográficas no tiene nada que ver con la realidad. (iStock)El sexo presentado en las películas pornográficas no tiene nada que ver con la realidad. (iStock)
Harina de un costal muy diferente es el condenado –o tan anhelado– squirting. Los investigadores no tienen ninguna duda de lo que se trata: de “una gran cantidad de líquido proveniente de la vejiga”. Más claro, agua: como sospechaban mucho, se trata de un fluido muy semejante a la orina. Además, este es expelido de forma tan espectacular como sospechosa. Lo innovador de la investigación recientemente publicada es que se han utilizado ultrasonidos para comprobar de qué manera la vejiga se llena de orina durante la estimulación sexual en algunos casos.
Un mundo lleno de squirters
Hay dos cosas que se encuentran fuera de toda duda. Por un lado, que el número de mujeres que realmente eyaculan grandes cantidades de fluido durante el acto sexual es muy bajo. Por otro, y como consecuencia de lo previo, que la mayor parte de “fuentes del amor”, como las denominan los franceses, son fingidas. Existe todavía un gran desacuerdo sobre el porcentaje exacto de mujeres que eyaculan. Un estudio publicado en 1984 fijaba dicho porcentaje entre el 25 y el 50%. Otro de 2007 expandía dichas cifras al 10 y el 69%. Un artículo del Journal of Sexual Medicine aportaba su granito de arena con un margen de entre el 10 y el 54%. La cantidad expelida es igualmente muy variable, y como señaló un estudio publicado en International Urology and Nephrology, puede variar entre cantidades imperceptibles y 5 mililitros.
La demanda en el mercado porno de este tipo de contenido es tan grande que muchas actrices están intentando mejorar su capacidad eyaculatoria
¿Cómo se produce? A veces, se trata simplemente de nacer con dicha capacidad, que producirá la eyaculación de forma natural; en otras, la estimulación puede provocar un aumento en el caudal, como ocurre igualmente en el caso de los hombres. En resumidas cuentas, más mujeres de las que pensamos eyaculan, sólo que no de la manera a la que se han acostumbrado millones de hombres de todo el mundo. Como explica el artículo de Focus, lo que estos ven no es más que un montaje, pero que les satisface en cuanto que, como obliga la visión tradicional del sexo, hace evidente de manera visual el momento del clímax.
Como explica el artículo publicado en Fusion, la demanda en el mercado porno de este tipo de contenido es tan grande que muchas actrices están intentando mejorar su capacidad eyaculatoria, ya sea a través de los ejercicios vaginales o la sobrehidratación. Sin embargo, en muchos casos, no se trata más que de un truco de efectos especiales de igual manera que la sangre borbotea sin parar de un cuello supuestamente cortado en una película de terror. Desde luego, se trata de un efecto excitante para muchos hombres (y mujeres), pero corre el riesgo de convertirse en una obsesión que muy tiene muy poca relación con la realidad.